VANG #3. Pilar Fontalba + Edith Alonso

Jueves 27 de mayo. (20:00)

La reducción a la frontalidad de la pantalla, o al no-lugar de auriculares y sistemas de reproducción domésticos a la que se ha sumergido la experiencia de lo sonoro en los últimos años – exponencialmente en los últimos meses – ha iniciado un camino de borrado de la naturaleza tridimensional que posee el sonido en su presencia física. Compartir un espacio de escucha es compartir un espacio de vida. Quizá, de todas la artes, la música sea aquella en la que la experiencia corpórea del hecho artístico se hace más evidente. El sonido necesita del aire para hacerse presente y por ello, compartir un espacio para la escucha es compartir una forma de vibración que genera una relación carnosa entre emisor/es y receptor/es como cuerpos distantes: nos escuchamos a través de lo que respiramos. La oboísta Pilar Fontalba, junto a la compositora Edith Alonso, nos ofrecen un programa que pondrá en primer plano esta intrínseca e invirtualizable presencia del sonido a través de una serie de obras que rehuyen a la simplificación unidimensional de lo sonoro.

PROGRAMA

Heinz Holliger // Cardiophonie  (oboe y dispositivo electrónico, 1971)

José María Sánchez-Verdú //Kinah  (oboe y tam-tam, 2020)                         

Carolina Cerezo Dávila // La piel suave * (oboe, electrónica y resonadores, 2021)                      

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Edith Alonso // Trace  * 
(electrónica, 2021)

* Estreno absoluto

La fisicidad del intérprete y su respiración constituyen la materia prima creativa para el compositor suizo Heinz Holliger (1939-) en su pieza Cardiophonie (1971), un tour de force de diez minutos de duración que parte del sonido del ritmo cardíaco del interprete captado con un micrófono pegado a su pecho, y que actúa como metrónomo variable a lo largo de toda la obra. La intensidad de la pieza radica en una sonoridad basada en fuertes inspiraciones y espiraciones en constante evolución a jadeos, gritos y gestos melódicos abruptos que, unidos a la grabación y reproducción simultánea de determinados fragmentos de la pieza, intensifican la situación de estrés y colapso a la que Holliger conduce al intérprete.

Heinz Holliger – Cardiophonie. Bienal de Zagreb 1971

El intérprete como materia corpórea sonora, a través del uso de su voz, sus inspiraciones o su propio cuerpo se encuentra, igualmente, en la génesis de Kinah (para oboe y tam-tam) de José María Sánchez-Verdú (Algeciras, 1968-). Kinah, de raíz hebrea, es un canto fúnebre cantado tradicionalmente por mujeres judías a modo de duelo. La idea de lamento recorre toda la pieza en una acción casi fisiológica, corporal, de conexión con el alma y con nuestra propia esencia plañidera, cerrando un círculo perfecto que parte de nuestro primer llanto de nacimiento hasta la lamentación dolorosa por la pérdida del ser querido. Vida y muerte se juntan en esta obra en la que determinados gestos melódicos descendentes recorren la obra a modo de imagen retórica asociada al llanto, así como numerosos aspectos teatrales relacionados a la tragedia griega – el balanceo a derecha e izquierda sobre los pies a modo de danza fúnebre – o ciertos aspectos ceremoniales del teatro Noh japonés como puede ser la percusión del pie contra el suelo.
Por último, y no menos importante, hay que destacar la presencia sonora y teatral del tam-tam con el que dialoga la intérprete a lo largo de toda la pieza y que actúa como presencia aurática: un gran muro de resonancias que genera, a modo de espejo sonoro, los ecos del llanto de una ausencia.

José María Sanchez-Verdú – Kinah. Festival After Cage 2020

Si las piezas de Holliger y Sánchez-Verdú parten de la corporeidad del intérprete como sujeto, la obra de estreno La piel suave (‘La peaux douce’) de Carolina Cerezo Dávila (Málaga, 1993) hace hincapié en las cualidades corpóreas de objetos inanimados como fuente de resonancia. Una forma de generar un espacio sonoro desde el propio espacio dotando a los objetos de una identidad sonora propia, o lo que es lo mismo, una forma de oposición contra la homogeneización sonora de nuestros días sometida a una dictadura de la escucha por la que toda música en cualquier contexto “debe” sonar siempre de la misma manera. En palabras de la propia compositora:

“Se trata de una pieza íntima, que conecta con la corporeidad y lo físico del intérprete, y le da una nueva dimensión a través de otros objetos. La elección de objetos en escena viene condicionada por la naturaleza de sus materiales y también por su simbología: piel (parche), madera, metal y papel. Diferentes corporeidades que “reflejan” diferentes sustancias sonoras. Los elementos musicales remiten también a la sustancia del oboe mismo, a la respiración y al tacto de la piel representado en la continuidad de las texturas y el comportamiento más o menos armónico de los elementos.
Los objetos –ya no inanimados– se presentan como un elemento intermedio entre lo que idealmente podría haber sido la conexión de lo físico del intérprete a los físico del oyente, del espectador mismo. Queda reflejada de esa forma también la imposibilidad del contacto completo y la invasión del espacio íntimo –físico y psicológico– del otro.”

Edith Alonso –  Nadie te espera (Χώρα)

Al contrario de la propuesta de concierto presentada por Pilar Fontalba a través de las obras de Heinz Holliger, José María Sánchez-Verdú y Carolina Cerezo, basada en aspectos relacionados con el espacio, entendido este como receptáculo que recoge la corporalidad de lo sonoro, la compositora madrileña Edith Alonso (1974-) en su obra para dispositivo electrónico Trace parte de una pieza anterior titulada Khôra a fin de reinterpretarla y borrar las fronteras existentes entre composición e improvisación. Un instante temporal único e irrepetible que supone una apertura al presente, una presencia viva que se desplaza permitiéndonos reconectar nuestro pasado y afrontar el futuro. Como si de una estela se tratara, Trace (traza) se nos muestra como un cuerpo sonoro cargado de memoria que se resiste a desparecer y que permanece en nosotros desde sus restos, dibujando en nuestros oídos el contorno de una figura que se desvanece.

Encuentro VANG: Pilar Fontalba, Edith Alonso, Iván Ferrer y Alberto Bernal

 

Texto: Jose Pablo Polo

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